jueves, 14 de agosto de 2014

Amarillo.

Sí, vuelvo para quejarme. Para volver a sacar las cosas fuera del tiesto, y nunca mejor dicho. 
Hace menos de una semana me fui a Decathlon, a comprarme unas deportivas para correr, para volver a estar en forma y sentirme otra vez realizada conmigo misma. Y empece a investigar, raro en mi, en internet. 
Volví a cotillear páginas de dietas, y de complementos nutricionistas (hace menos de un año estuve trabajando en un gimnasio, y para estar al día todas las mañanas cotilleaba esta moda que está durando ya una larga época) 
La cosa es que me di cuenta, de que nos preocupamos de tener una piel perfecta, un culo bonito, y unas piernas separadas y dignas de una minifalda. Y yo, que nunca me planteo las cosas, empece a pensar sobre el origen de estas ideas metidas en la cabeza de cada uno de los miembros de la sociedad, bueno menos en Africa, porque allí cuanto más masa muscular tienes, mejor vida llevas y llevarás, y aquí, en Europa es al revés.
Y claro, me di cuenta.
Me di cuenta de que no solo nos preocupa el aspecto físico, sino también todo lo demás. 
En mi familia, está la costumbre de que si el bebe es niña, toma trajecitos rosas, pero si es niño, azul. ¿Y la discriminación a los demás colores? ¿El amarillo? ¿Y el verde? ¿Y el morado? ¿Y el rojo? ¿Y por qué rosa para las niñas? ¿Y el azul para los niños? A mi me gusta el azul, y soy una niña, mayor, pero sigo siendo niña. Y dije que es en mi familia, pero el 99% de las familias son así.
Y no solo cuando el bebe nace condicionamos el color. 
Me acuerdo del casi infarto que le dio a mi abuela cuando dije que quería ser policía, entre las múltiples carreras diarias que elegía para ser de mayor. 
Mis mochilas del cole, no cambiaron este tópico. Pasaron del rosa, al naranja, y más tarde morado y azul clarito, pero eso sí, con los corazoncitos de Agatha Ruiz de la Prada, las witch, o las típicas florecitas de una mochila de niña. ¡Que envidia tenía a mi hermano por llevar una mochila de Pokemon y de Digimon! Porque esa era otra, había una play en casa, pero el único que jugaba a la play, era mi hermano. Porque claro, eran juegos de coches, y de Pokemon, y una princesa no podía jugar a los Pokemon. 
Y bueno, no voy a hablar de los bikinis, las sandalias, el vestido y la bolsa de playa a juego, porque entonces ya me enfado. 
Y no culpo a mis padres, ni mucho menos (y no estoy siendo irónica) porque ellos no tuvieron la culpa. Ni mis abuelos tampoco. Siempre ha sido así. Pero no todo lo que viene desde antiguo tiene que cambiar. 
Me alegra ver, cuando una niña pequeña lleva el pelo corto, no solo porque yo también lo llevaba, sino porque seguro que está sabiendo salir adelante cuando los niños de su cole se meten con ella por llevar el pelo como un chico. Porque seguramente esa chica, no acabe como las demás niñas de largas melenas que no saben nada más que hablar de puntas abiertas con 6 años. Yo supe que era una punta abierta a los 16. Sí, a los 16. Y queridos peluqueros, tengo 19 y una melena larga muy mal cortada, y muy pero que MUY abierta. 
¿Qué me decís de eso de que un chico con el pelo sucio no llame casi la atención, pero una chica que lo tenga igual, es una cerda asquerosa? Y me revienta esas miradas que se echan a una chica que lleva el pelo más corto de lo habitual, solo porque no es la típica melena corta. 
Y ya no solo físicamente. La verdad es que yo también soy un bicho raro de por sí, pero no hay cosa que me moleste más que me miren raro cuando veo el señor de los anillos, harry potter o star wars, o sigo juego de tronos, y me sé casi toda la serie de memoria de Como conocí a vuestra madre, o los diálogos de Big Bang Theory. Y no es por la rareza que todo esto conlleva, sino porque soy una chica. Porque no pueden existir chicas que le gusten las cosas frikis. Pues es más, tengo una camiseta de Harry Potter, y bien orgullosa que la llevo por la calle. 
Y ya algo, que no soporto. Y escuchado por un supuesto amigo mío 'Sara, necesito que me consigas una cruz de madera para colgarmela al cuello'. Mi amigo es ateo, y me sorprendió su petición, por lo que le pregunte la causa de ese arrebatamiento, y la respuesta, por la que me quede a cuadros. 'Porque así ligo más'. Sí, amigos, podéis tocaros tranquilamente los pies. No solo me reí en ese momento, sino que le dije 'pues yo cuando salgo con las cruces, no ligo.' Sí, llegue a pensar eso, pero lo peor, su contestación: 'es sencillo Sara, si una chica sale con una cruz al cuello, los tíos pensamos que directamente pensáis en el matrimonio, y que no vais a ser nada fáciles. Mientras que si una chica ve a un chico con una cruz al cuello, piensa que tenemos más fondo que un lío de una noche, y va a ser más fácil conquistarla.' 
Espera, espera, que lo entiendo. O sea, que si una noche salgo de fiesta y llevo una cruz, soy una monja de clausura (imposible porque no pueden salir) pero si salgo con un collar cualquiera (abalorios, una tortuga, buho, o derivados) soy una facilona. Pues sigo prefiriendo las cruces. 
Como entenderás, no le regale una cruz, pero sí que le regale un tortazo. 
A lo que quiero llegar con esto, no es aconsejar a las chicas que llevar al salir de fiesta, no; dejarme mal por culpa de mis amigos, bueno, eso sí, porque el pobre es tonto a patadas. Pero lo que de verdad me preocupa, es como hemos llegado a este extremo. De que esté todo tan clasificado, y tan mal valorado.
Me hace plantear las cosas desde otro punto de vista. Por ejemplo, que una chica es guapa con el pelo rapado, al igual que un chico con el pelo largo. Que no voy a cambiar el color de las paredes de mi cuarto, porque el verde me da esperanza, y muy buen rollo. Y que mis hijos, si algún día llegan, van a tener que estar preparados, porque no solo se meterán con ellos por llevar el pelo distinto, sino porque además me han contado que el color amarillo estresa un poco, y va a ser el primer color que vean cuando se despierten el resto de su vida. Y porque en casa, habrá tantos action man, como Barbies, como tantas plays que necesiten para que sepan que dan igual, porque lo importante no es que apariencia den, o dejen de dar. Lo importante es lo que tengan en el corazón, y eso, ni amarillo, ni rosa, ni azul, eso va a tener el color que a ellos les de la gana. 

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