domingo, 13 de octubre de 2013
GV
No sé si sabéis esa sensación de impotencia cuando veis a un amigo pasarlo mal, a algo más que un amigo, a uno de tus mejores amigos, de los mejores pilares de tu vida, casi como un hermano, pero de esos hermanos que eliges. Sabes que no se lo merece, y aun así no puedes hacer nada por evitarlo. Hoy quiero hablar de ese personaje de mi vida. Esa personita a quien no me cuesta hacerle sonreír, a esa personita que me alegra alegrarle el día. Es de esas personas que no sabe sonreír por si mismo, o por él mismo. A veces no es fácil sonreír, lo sé, pero quiero que al menos lo intente hoy por saber que sigue siendo ese niño que me sigue enamorando con su sonrisa, que sigue gustando siendo tan ñoño, que sigue siendo él mismo, porque es único. Es de esas personas con las que acabas de hablar con él, y piensas un 'pues si que existen personas buenas y verdaderas, solo hace falta buscar un poco más'. Pero yo no tengo que buscar más, porque teniendole a él me basta. Quizás este pensando, querido lector, que para qué narices he escrito esto, y solo lo he escrito por él, querido lector, porque de sus sonrisas y de personas como él quedan bien pocas, y quiero que no se extinga. Porque él se lo merece.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario