Y una vez más aquí estoy yo, la única que se traga el orgullo últimamente, la única estúpida que no puede decir todo lo que siente, porque piensa antes en los demás que en sí misma. Y me gustaría gritar a los cuatro vientos todo lo que tengo en la cabeza, todas esas cosas que no le he contado a nadie, solo a mí misma, y ni siquiera creo que sepa todo, pero por miedo, por miedo a darme cuenta como realmente soy. Quizás sea ese miedo el que me paraliza a decir todo a los cuatro vientos. O quizás es que me debo de acostumbrar que en mi vida, van a ir antes los demás, que yo misma. Sí, debo hacerle frente que primero debo arreglar el mundo, y luego ya ponerme conmigo misma. Quizás sea complejo Mafalda, eso de querer parar el mundo, y ponerse a arreglarlo rincón a rincón, esquina a esquina. Pensar que la felicidad va a llamar a mi puerta, pero hasta que llame, no me quedaré parada a ver como ocurre, me pondré por la primera esquina que encuentre por la calle, que con mi suerte, puede que la felicidad me pase directa y ni me de cuenta. Solo disfruta de las vistas, la felicidad llegará.

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