Semanas en las que te sientes como una mierda. Esas semanas que te sienta como una patada en el culo cualquier comentario, tanto sea alagador como despreciante. Días en los que una mirada es fulminante, y una sonrisa anda exiliada. Días en los que sientes que es mejor no salir de la cama, y que pasen rápido. Días en los que solo necesitas un abrazo y un: "ya estoy aquí, tranquila". No pretendo que me entiendan ni que me comprendan, porque primero debo de hacerlo yo. No quiero que estén todos los días preguntándome cómo estoy, o que me animen para sentirse bien, si lo hacen es porque lo sienten, y no por aparentar. A veces siento que vivo en un país de hipócritas que sólo se mueven por la apariencia, pero luego sólo son cuatro personas las que me hacen ver que merece la pena sonreír. Estos días han sido días raros, bastantes raros, lo siguen siendo. Son días que me gustaría sonreír pero no encuentro motivos, son días en los que me gustaría alegrar a alguien pero me cuesta, no es fácil, pero me han enseñado que lo que cuesta merece la pena, porque nunca habrá un arcoiris sin lluvia, no habrá un buen helado sin una tarde de ejercicio, no habrá un príncipe sin trescientos sapos anteriores besados. No habrá una gran sonrisa, sin unas lágrimas secadas y escurridas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario